¿Por qué 40 minutos?

Porque, si tuviera más tiempo, escribiría más largo.

martes, 30 de julio de 2013

Hablemos de Colón

Monumento a Colón desmontado
La reciente polémica por la pretensión del gobierno nacional de apropiarse del monumento a Colón, situado en la plaza homónima a espaldas de la Casa Rosada, a pesar de ser patrimonio de la Ciudad de Buenos Aires, ha vuelto a poner sobre la mesa, lateral y chicaneramente, la discusión alrededor de la figura de Cristóbal Colón y el valor histórico del descubrimiento de América.
La acusación hacia Colón es la de haber sido el iniciador del "genocidio indígena" en América.

Placa del monolito de homenaje al Cacique Francisco TuliánAclaro que quien esto escribe es orgulloso descendiente de pueblos originarios de la Argentina (los Tulián somos de origen comechingón), así como también de criollos viejos e inmigrantes gallegos y vascos. Argentino "hasta la maceta", americano orgulloso y sin ánimos de irme de la patria a la que quiero con locura (y le consta a quienes me conocen).

Dicho esto, debo decir que la acusación hacia Colón no sólo es injusta, sino, además, poco consecuente y, en algunos casos, bastante hipócrita.

Injusta porque Colón tuvo la audacia de proponer viajar a las indias navegando hacia el occidente. Audacia no intentada hasta entonces, no porque se pensara (como nos decían en la primaria) que la tierra fuera plana; la verdad es que, particularmente desde Eratóstenes (siglo III a. C.) y Claudio Ptolomeo (siglo I d. C.) ya no existía ningún cosmógrafo serio que no supiera que la tierra era redonda. La audacia consistía en que, de acuerdo justamente con los cálculos de Eratóstenes (que había calculado el tamaño de la tierra con un ínfimo porcentaje de error), no era posible para la época un viaje como el que Colón proponía y se animó a hacer, así lo entendió el Consejo al que desoyó Isabel de Castilla quien, también llevada de cierta audacia, terminó financiando el proyecto.
Probablemente sí se pueda acusar a Colón de ambicioso, a juzgar por las condiciones políticas y económicas de las Capitulaciones de Santa Fe, por las que se lo hacía almirante, virrey y acreedor al 10% del producto neto de las mercaderías comerciadas o descubiertas en la expedición, cuyos gastos sólo soportaría en un octavo.
Lo cierto es que, por fortuna para él y la Corona, entre Europa y Asia, allende el Atlántico, se encontraba un continente que no había sido registrado en la cartografía de entonces y que, cuenta la historia, Colón murió sin saber que no eran las Indias.
Tras su tercer viaje a América, fue encarcelado acusado de mal gobierno (entre otras cosas, por su maltrato a los indios, considerados por la reina Isabel tan súbditos suyos como los españoles) y remitido a España donde, si bien fue liberado, terminó perdiendo cuanto había ganado en prestigio y poder.
Si bien existen pruebas de viajes anteriores de europeos y asiáticos al Nuevo Mundo, hasta los viajes de Colón puede decirse con justicia que ni el Viejo Mundo sabía de la existencia de América, ni ésta de aquél. Fue Colón quien inauguró una historia verdaderamente universal, bien que, probablemente, sin proponérselo.

Pero, además, la acusación a Colón es poco consecuente. Quienes la realizan, en su inmensa mayoría, tienen apellidos europeos, hablan perfecto español y viven en América; son hijos, nietos o biznietos, o, por lo menos, descendientes de inmigrantes más o menos antiguos, llegados a estas tierras en busca de mejor fortuna... ¡gracias a Colón! Ninguno, que yo sepa, se planteó volver a la España, la Italia o la Polonia de sus antepasados, ni se ha puesto a aprender el quichua para adoptarlo como lengua oficial.
La falta de consecuencia también se extiende a los medios para expresar la protesta, que no omiten la utilización de Internet, la televisión o la radio, todas ellas productos de la "detestable" civilización occidental que el "perverso" Colón trajo a estas costas.
Efectivamente, hacer una ucronía que imagine lo que, después de más de 500 años, podría haber pasado en América si no hubiera venido Colón es un ejercicio más que inútil. Nos es imposible pensar el mundo sin América y a ésta sin el mundo.
Y es esa realidad la que permitió, justamente, el descubrimiento de Colón.

Finalmente, el dedo acusador contra Colón no carece de cierta hipocresía. Ésta es el vicio de aparentar lo que no se es. Actualmente se extiende el concepto a la "moral de doble estándar", como se suele denominar.
En efecto, los "vengadores" del indigenismo, especialmente si son de izquierda, no juzgan con el mismo furor a muchos tiranos y criminales contemporáneos (o tiranos criminales, algunos aún vivos y merodeando). Tampoco se escandalizan de masacres ocurridas, no 500 años atrás, sino en los siglos XX y XXI, sólo porque quienes las perpetraron lo hacían "en defensa del pueblo", aunque fuera el mismo pueblo su víctima.
Habría que recordarles que, mientras hay que estudiar muchos, opinables y antiguos documentos para saber qué pasó con Colón y con los conquistadores que vinieron después, las tragedias de los últimos cien años están infinitamente más y mejor documentadas.
Y, sin embargo, muchos promotores del odio (como el "Che") tienen hasta su propio merchandising.
Mientras que a Colón...