Si esto es así "en abstracto" (el Papa es argentino), "en concreto" se encuentra potenciado por la personalidad del Santo Padre.
Pero, al mismo tiempo, este último aspecto resulta el más contradictorio para Francisco: antes de ser papa, no sólo era el cardenal primado de la Argentina, también era un prelado de alto perfil político, al cual Néstor Kirchner llegó a señalar como "líder de la oposición", sólo porque no tenía pelos en la lengua para señalar aquellas cosas de las que la administración K debería avergonzarse: la pobreza, la corrupción, el clientelismo político, la desprotección de la institución familiar y de la vida humana. Fue esta contradicción la que dejó en off side al kirchner-cristinismo el 13 de marzo, con una catarata de declaraciones y gestos que dieron cuenta de un "panquecazo" general del oficialismo en apenas una semana: se pasó de la acusación de colaboracionismo con los crímenes de la dictadura al beso y regalo de la Presidenta.
Lo cierto es que, a partir de su elección, ser "hincha del Papa" se convirtió en un tópico argentino: ¡todos estamos con Francisco! No hay persona que lo haya conocido (me incluyo) que no haya alardeado con que alguna vez lo saludó, se fotografió, se lo cruzó en el subte, le sirvió un vaso de gaseosa o fue a una Misa celebrada por él. Y son muchos los que, habiendo despotricado contra él o contra la Iglesia, hoy esconden de manera vergonzante sus críticas y se apuran a ir a Roma para sacarse una foto dándole la mano.
Antes de que me acusen de mal pensado, trataré de pasar por alto las intenciones y de no juzgar de oportunistas a los que "se suben ahora al papamovil" y se confiesan muy creyentes, pese a que en sus vidas de todos los días actúan como agnósticos prácticos.
Pero no deja de llamar la atención esta nueva contradicción, que me mueve a pedirles a todos (periodistas, políticos, celebrities) que se dejen de "robar" con Francisco.
Es notable -le comentaba a un amigo recientemente- cómo son muy pocos los que, llenándose la boca en los medios hablando del Papa, han leído algo de cuanto ha escrito y dicho desde que fue elegido. Y, cuando lo hacen, tienden a aplicárselo al otro (a los sacerdotes pedófilos, a los obispos que dan escándalo, a los corruptos, a los ricos, etc.), pero nunca se lo aplican a sí mismos.
Un par de ejemplos. El primero fue el encuentro con los representantes de los medios de comunicación, tres días después de ser elegido. Basta leer las reseñas periodísticas sobre el encuentro para ver que los medios hicieron hincapié en que "calificó de 'imprescindibles' a los medios" o en que abogó por "una Iglesia pobre y para los pobres". Pero casi no repararon en el "tirón de orejas" a los periodistas, cuando, haciendo referencia "a quienes han sabido observar y
presentar estos acontecimientos de la historia de la Iglesia, teniendo en cuenta
la justa perspectiva desde la que han de ser leídos, la de la fe", les dijo que, "aunque es ciertamente una institución también humana,
histórica, con todo lo que ello comporta, la Iglesia no es de naturaleza
política, sino esencialmente espiritual: es el Pueblo de Dios... Únicamente desde esta
perspectiva se puede dar plenamente razón de lo que hace la Iglesia Católica"; perspectiva generalmente ausente del análisis mediático, que tiende a ver a la Iglesia desde un punto de vista puramente temporal,... y para criticarla.
El segundo ejemplo es la conferencia de prensa del Santo Padre durante el vuelo de regreso a Roma, tras la Jornada Mundial de la Juventud, donde Francisco afirmó, preguntado sobre el "lobby gay", que, "si una persona es gay, busca al Señor y tiene buenas intenciones, ¿quién soy yo para juzgarla?". No faltaron titulares del estilo: "'¿Quién soy yo para juzgar a un gay?', dijo el Papa" u "Otro gesto impactante del Papa: '¿Quién soy yo para juzgar a los gays?'" leyeron la afirmación como un guiño al colectivo homosexual o el comienzo de un cambio de posición de la Iglesia frente al tema. Más allá de las traducciones libres y lecturas ligeras y descontectualizadas (que no faltaron), ninguno se tomó el trabajo de leer el Catecismo al que el propio Santo Padre se remitió inmediatamente después y en la misma respuesta; allí se lee (n. 2358) que "un número apreciable de hombres y mujeres presentan
tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación,
objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica
prueba. Deben ser acogidos con
respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de
discriminación injusta". Esto es, el "gesto impactante" no era más que poner por obra lo que viene diciendo el Catecismo desde hace 20 años. Más: la Iglesia, a pesar de que algunos católicos individualmente no lo hayan vivido así muchas veces, siempre ha seguido en ésta como en todas las materias morales aquel principio que san Agustín resumía diciendo que “hay que odiar el error y amar a los que yerran”.
Ni siquiera se ha salvado el Papa de la manipulación política de su imagen. Es interesante, al respecto, el análisis de Jorge Fernández Díaz en La Nación.com acerca del afiche que apareció en estos días en Buenos Aires.
Claro que la Providencia divina se sirve hasta de estas frivolidades mediáticas para el bien de los hombres. Pero sería bueno que reflexionáramos acerca de la incoherencia que supone ponderar, alabar sacarse fotos con el Papa, y tenerlo como "fetiche" de los canales de noticias, mientras seguimos viviendo de espaldas a lo que el Santo Padre, Vicario de Cristo, enseña con sus palabras y obras. Quisiera saber cómo van a votar los candidatos que se embanderan como "hinchas del Papa" cuando se plantee un proyecto sobre el aborto.
Dejémonos de "robar" con Francisco... y empecemos, mejor, a "armar lío".

