El siguiente es el texto de una carta de lector que envié al diario La Nación, y me publicaron el 22 de febrero:
Más allá de las razones pastorales que puede haber tenido el Papa para enviarle un rosario a Milagro Sala (bien desarrolladas por Mons. Fernández en su artículo de hoy en LA NACIÓN), conviene tener presente un detalle que a los críticos de ese gesto parece habérseles pasado por alto: buscarle significado político al rosario de Francisco supone, indirectamente, reconocerle un carácter político a la prisión de Milagro Sala.
Y Sala no es, aunque así lo pretenda un sector de la oposición, una presa política. No está en la cárcel por lo que piensa, sino que se la investiga como imputada en graves delitos, que incluirían, a juzgar por lo que informan quienes llevan la causa, el lavado de dinero del narcotráfico.
No seamos sectarios: Milagro Sala merece justicia como cualquier otro ciudadano, y puede ser objeto de misericordia como cualquier preso, culpable o inocente.
Y no seamos ingenuos: nada hay de político en un gesto hacia un preso, a menos que se reconozca a éste mismo como político.