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viernes, 12 de abril de 2013

#18A: Más que un cacerolazo

Para el jueves 18 de abril están convocando a un cacerolazo "internacional". Yo mismo me sumé a la convocatoria.

Pero no es suficiente.

Probablemente, la convocatoria supere, incluso, la del 8 de noviembre pasado, que hiciera enmudecer al gobierno nacional, tanto por el número de personas como por la generalización geográfica.

Pero, aun así, no sería suficiente.

La coyuntura hace especialmente necesaria la participación de la mayor cantidad de ciudadanos posible, porque, casi con seguridad, el día anterior se aprobarán leyes en el Congreso de la Nación que están orientadas a modificar dramáticamente nuestro sistema republicano, ya bastante desvirtuado, para convertirlo en una virtual "dictadura democrática", donde el gobierno nacional podrá atropellar el derecho de los particulares de la manera más impune y sin el contapeso de la división de poderes. Es necesario que la protesta se concentre especialmente en el cuestionamiento de la virtual destrucción de nuestro Poder Judicial, inspirada únicamente en las necesidades políticas circunstanciales del Poder Ejecutivo Nacional.

Sin embargo, esto es sólo una parte del problema.

Ante nuestros ojos se desmorona la república. De esto ya hablamos en otros artículos anteriores. Alguna vez, en 2011 y ante un grupo de militantes de mi partido, señalé mi temor de que la victoria de Cristina Fernández de Kirchner fuera el punto de partida de una escalada autoritaria que deberíamos enfrentar en los años por venir y cuyas consecuencias eran imprevisibles. La propia Presidenta confirmó esos temores al arengar a sus partidarios, en un acto que debía ser para todos los argentinos (era el Bicentenario de la Creación de la Bandera Nacional), con aquella frase: "¡Vamos por todo!". La enumeración de atropellos al sistema republicano antes y después de esa frase no hay tiempo de listarla aquí; pero las restricciones cambiarias de carácter casi soviético, la ofensiva descarada contra los medios independientes y la libertad de expresión en general, y la pretensión de acabar con el Poder Judicial como contrapeso dentro del sistema republicano, entre muchos otros hechos de mayor o menor envergadura, nos han ido mostrando a lo largo del último año en qué consiste aquel "¡Vamos por todo!". Quienes llegaron al poder en el gobierno nacional no están dispuestos a dialogar democráticamente con quienes no piensan como ellos (algunos de sus voceros, expresamente, han dado a entender que no tienen por qué hacerlo), no buscan sino concentrar y conservar el poder a cualquier precio y, si no se les pone un freno, luego de "ir por todo", vendrán por nosotros: por nuestra propiedad, por nuestra libertad, por nuestra dignidad, por nuestras vidas... Y no importará, siquiera, de qué lado estemos parados (es elocuente, en este sentido, el episodio con el periodista Juan Miceli): nos "llevarán puestos" si nos ponemos enfrente, o si ellos nos consideran el más mínimo obstáculo para su proyecto de poder.

Y, todavía, esto no es lo peor.

Lo grave, lo verdaderamente grave, es que la oposición no ha sabido articular una alternativa. En eso, me hago cargo, tenemos responsabilidad todos los que militamos en los partidos políticos del espectro "no K". Trágico será si el #18A no hace reaccionar a los dirigentes de la oposición para generar una propuesta programática y electoral seria y competitiva, capaz de vencer al cristi-kirchnerismo, no sólo en 2013, sino en 2015. Sería patético que las masas que se movilizarán, sin duda, el #18A en todo el país quedan en sólo eso: masa sin líderes ni dirección. Serán inútiles las diatribas, los cruces y los discursos ingeniosos contra las pretensiones hegemónicas del gobierno nacional, si no se encara seriamente el proyecto de enfrentarlo y derrotarlo definitivamente. La orfandad del pueblo que no comparte la "revolución de cartulina" que impulsa el gobierno nacional -pueblo que es, a no dudarlo, más que el 54% que votó a Cristina Fernández en 2011- será, entonces, objeto de burla por parte de quienes detentan el poder para seguir acumulándolo a expensas de ese mismo pueblo, de quienes piensan seguir, cuando se hayan apagado los ecos de las cacerolas, su marcha triunfal hacia la imposición de un cesarismo del que será muy difícil volver.
¿Será mucho pedir generosidad y apertura de criterio a los dirigentes de la oposición? ¿Es posible que no se den cuenta de que enfrentan no a un partido, ni a un gobierno, sino a un sistema perverso de acumulación de poder a expensas del sistema republicano; un sistema que no fue pensado para preservar los privilegios de las oligarquías, sino para proteger los derechos del pueblo llano? ¿No ven que son "ellos o nosotros", y que ese "nosotros" incluye no sólo al "pueblo opositor", sino a todo el pueblo argentino? ¿Seguirán más preocupados de "no salir en la foto" con este o con aquel, que en encontrar las soluciones de largo plazo que vuelvan a convertir a la Argentina en un país normal?

Me duele la patria. Me duele el sufrimiento de tantos argentinos que se encuentran impotentes frente al Estado, sea por la inacción de éste o por sus atropellos. Me duelen las víctimas de un sistema que se olvidó de las personas. Me duele el papel lamentable de esta Argentina prepotente, arbitraria, veleidosa y vengativa, que el gobierno le muestra al mundo, para vergüenza de las generaciones por venir.

¡Hagamos algo, no sólo protestar!
Exijamos un programa alternativo de gobierno, que restablezca la plena vigencia de las instituciones de la república, que garantice la propiedad privada y las reglas del juego justas e iguales para todos que atraigan las inversiones necesarias para reconstruir el país (en primer lugar, las inversiones de nuestro propio pueblo), que respete la libertad de sus habitantes, que privilegie la verdad sobre el "relato", que proteja la vida de todos y todas, sin distinción y sin discriminación de ninguna especie.
¿Alguien se hace eco?
¿Alguien tomará nota?
¿Alguien se animará a hacerlo?
Que cuente conmigo.