Recuerdo cuando, cercano al partido de Gustavo Beliz, me enteré de que iban a acompañar a Néstor Kirchner en su candidatura presidencial para las elecciones de 2003. En ese momento decidí alejarme del "belicismo". Conocía profesionalmente algunos de los manejos del entonces gobernador de Santa Cruz en su provincia y pensaba que no era un candidato potable; ni imaginaba que lo que conocía era, apenas, "la punta del iceberg". El tiempo confirmó que mis recelos eran fundados.
En 2003, ya afiliado a Recrear, fiscalicé en las elecciones de abril para la candidatura de Ricardo López Murphy. Cuando se iba a la segunda vuelta, defendí -así: defendí- mi postura abstencionista respecto de la elección entre Kirchner y Menem, afirmando que eran lo mismo y que no podíamos esperar nada distinto de ninguno de ellos. Si me encuestaban, decía que votaba en blanco. Ya sabemos lo que pasó después. El tiempo demostró que me equivoqué.
Los analistas suelen hacer una serie de distinciones al momento de analizar la "Década Ganada". Aún los que se manifiestan más críticos le reconocen méritos. Concretamente, rescatan el crecimiento de la economía en los primeros años del ciclo, la reconstrucción del poder presidencial tras el fracaso del gobierno de la Alianza, y la promoción de leyes "progresistas", como las del "matrimonio igualitario" y la de "identidad de género"; según la posición más o menos "progre" del analista, pueden incluirse en el rescate, también y por ejemplo, la defensa de los derechos humanos y la estatización de las AFJP.
Me permito afirmar que no hay nada -nada- que rescatar de los últimos 10 años.
Podemos entrar en el análisis fino de cada logro" kirchnerista. Podemos decir, por ejemplo, que la mayor parte de los que ponderan el crecimiento económico no deducen la inflación ni tienen en cuenta cuánto del "crecimiento" es, en realidad, "recuperación" de la caída profunda de la crisis del 2001. Podemos señalar que la defensa de los derechos humanos es oportunista. Podemos cuestionar, si vamos más a fondo, las consecuencias sociales que pueden tener en el largo plazo las leyes "progresistas".
Pero, más allá de todo eso, lo que descalifica a esta década es la finalidad, el rumbo institucional buscado ab initio por el kirchnerismo y cada día más expreso. De la concentración de poder hiperpresidencialista, pasamos a la descalificación de los opositores, a la persecución más o menos desembozada, y a la modificación dramática de nuestra forma de Estado, de uno democrático hacia uno autoritario.
Así las cosas, cualquier iniciativa del gobierno nacional -tanto en su fase kirchnerista como en la cristinista- no puede considerarse positiva, atendiendo a la perspectiva que dan estos 10 años y que demuestran una única motivación para todos los actos de gobierno: el mantenimiento del poder.
Pero no ha habido una reconstrucción institucional -todo lo contrario-, ni un programa económico consistente -sólo existe una suma de "parches" de corto plazo-, ni siquiera realizaciones importantes a nivel de infraestructura -especialmente necesarias en materia energética y de transporte-.
Mientras sigamos ponderando las "cosas buenas" del gobierno "K" para rendir culto a la corrección política, el kirchner-cristinismo seguirá burlándose de nosotros, homologadores más o menos voluntarios de 10 años de destrucción de la república, de desmantelamiento del Estado, de mantenimiento de las desigualdades sociales, de fomento de la división y el odio entre los argentinos.
Así las cosas, cualquier iniciativa del gobierno nacional -tanto en su fase kirchnerista como en la cristinista- no puede considerarse positiva, atendiendo a la perspectiva que dan estos 10 años y que demuestran una única motivación para todos los actos de gobierno: el mantenimiento del poder.
Pero no ha habido una reconstrucción institucional -todo lo contrario-, ni un programa económico consistente -sólo existe una suma de "parches" de corto plazo-, ni siquiera realizaciones importantes a nivel de infraestructura -especialmente necesarias en materia energética y de transporte-.
Mientras sigamos ponderando las "cosas buenas" del gobierno "K" para rendir culto a la corrección política, el kirchner-cristinismo seguirá burlándose de nosotros, homologadores más o menos voluntarios de 10 años de destrucción de la república, de desmantelamiento del Estado, de mantenimiento de las desigualdades sociales, de fomento de la división y el odio entre los argentinos.