El Bicentenario de la Independencia nos invita a reflexionar acerca de la libertad y el uso que hacemos de ella.
Hace 200 años, las Provincias Unidas decidieron hacerse cargo, no ya de su propio gobierno, sino de su propio destino.
Hacerse cargo.
Es frecuente reclamar libertad, para hacer esto o para hacer aquello. Y es lógico: la libertad es uno de los primeros derechos del hombre, junto con la vida; la libertad es atributo de nuestra misma humanidad. Por eso tendemos instintivamente a defenderla y, en la modernidad democrática, a exaltarla como principio de ciudadanía.
Lo que no es tan frecuente es asumir que la libertad implica, como contracara, la responsabilidad: el que es libre, y porque es libre, responde de sus actos.
Se hace cargo.
Por eso el Bicentenario nos interpela a los argentinos como pueblo: ¿nos hacemos cargo de nuestro destino? ¿Asumimos las consecuencias de nuestras decisiones? ¿O tendemos a buscar endilgar a otros la culpa de nuestros propios errores? ¿O actuamos como adolescentes, deseando y buscando los beneficios sin estar dispuestos a pagar su precio?
Los padres de nuestro país pensaron en un pueblo libre que tuviera las herramientas para construir su propia prosperidad, con responsabilidad. Tal vez el Bicentenario sea la oportunidad, para gobernantes y gobernados, de revisar el modo como nos hacemos cargo del futuro, de asumir nuestra parte en lo que nos pasó y en lo que nos espera, de darlo todo por amor a esa Argentina que le dejaremos a nuestros hijos y a las generaciones futuras.