¿Por qué 40 minutos?

Porque, si tuviera más tiempo, escribiría más largo.

miércoles, 13 de junio de 2018

Monólogos

Acabo de tener el enésimo cruce con un abortista en las redes. Lo de siempre. A cada argumento a favor de la vida se contesta con una frase hecha que no contesta nada: si uno dice que abortar es eliminar una vida humana, te responden que no hables por los “millones de mujeres que quieren abortar” (¡?); si uno señala que abortar es quitarse de encima un ser humano (aunque digan que es “potencial”, con más voluntarismo que fundamentos), te contestan que van a seguir muriendo mujeres en abortos clandestinos.
No he encontrado un solo abortista, uno solo, que conteste con fundamento científico el hecho de que, a partir de la unión de óvulo y espermatozoide, estamos ante una vida humana distinta de la madre. Tratan de escapar por el lado de que no sería una persona; pero los dueños del “personómetro” no se hacen cargo de que tampoco quieren darle la oportunidad de que llegue a serlo, en su estrecha visión del problema.

Pero de todo esto ya hablamos hasta el cansancio en estas columnas.

Hoy me interesa resaltar que ocurrió lo que era previsible: el abortismo no quiere discutir razones. Porque no las tiene. Sólo le interesa imponer un paradigma. Pase lo que pase. No importa si hay vida o no. No importan los fundamentos científicos o jurídicos, ni la ética, ni la lógica. Para muestra, valga el tuit de la foto. Cualquiera que haya seguido el tema por las redes o los demás medios puede dar fe de actitudes similares por parte de periodistas, políticos, gente de la farándula y un largo etcétera. Tapan sus oídos y sus ojos; pero no tapan su boca y repiten los monólogos de siempre. Monólogos que quieren imponer, descalificando a cualquiera que se anime a cuestionarlos.

Hoy habrá una votación en el Congreso. Probablemente no sea la última. Se habla de un debate que se festeja. Es raro hablar de festejo cuando lo que se debate es la vida o la muerte de seres humanos inocentes.
El gobierno no tiene nada que festejar, salga como salga la votación en el Congreso. Ha instalado una discusión sorda que sólo ha servido para envalentonar a la facción del pañuelo verde, que no lo ha votado ni lo votará, y para desalentar a quienes pusimos nuestra confianza en Cambiemos para superar los enconos.
Evidentemente, nos queda mucho por trabajar.