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miércoles, 30 de octubre de 2019

El fracaso de una oportunidad

No.
No somos traidores.
No causamos la derrota de Cambiemos.
No somos responsables del regreso del pero-kirchnerismo.

Quienes criticamos primero, nos fuimos después y apoyamos otras alternativas no fuimos “funcionales a los K”. Aunque Lavagna, Gómez Centurión y Espert no se hubieran presentado, el actual presidente electo, Fernández, igual hubiera ganado en primera vuelta. Y es que, en un escenario de polarización como la que se dio y con una campaña paroxística como la que tuvimos, en la que se llamó desesperadamente a evitar que “el mal” triunfe, es evidente que quienes siguieron apostando por terceras opciones lo hicieron porque, de otro modo, hubieran votado mayoritariamente en blanco.

Quizás haga falta, para quienes estarán en la oposición del próximo gobierno y cuando se haya terminado de asimilar el mal trago (llevamos dos meses y medio preparándonos para esto, después del resultado de las PASO), hacer un poco de examen de conciencia y aprender a ejercitar la humildad, que, como decía santa Teresa, es la verdad.
Para algunos parece más grave el reemplazo del #NoVuelvenMás por el #Volvimos, que los peligros institucionales que ello representa para la república. Les duele como si tuvieran que contemplar de locales la vuelta olímpica del contrario ¿Duele la patria o duele el orgullo?
Pensamos, ingenuos, que el kirchnerismo se había terminado en 2015. Que el peronismo tardaría en recuperarse, hasta encontrar otro líder a quien seguir. Creímos que al electorado le importan más los buenos modales que las penurias económicas, que prioriza la lucha contra el narcotráfico sobre el desempleo, que la obra pública es más valorada que la dádiva clientelista, que la corrupción del anterior gobierno era tan incontestable que opacaría todo otro cuestionamiento al gobierno actual.
Nada de eso fue así. Y aceptar la verdad puede ser, a veces, muy duro. Porque nos falta humildad, como decíamos, nos duele comprobarlo. Y, lo que es peor, muchos sangran por la herida, prefiriendo creer en cualquier teoría conspirativa o buscando responsables que expliquen por qué una reelección que estaba firmada hace un año naufragó en los últimos meses.

Pero, al final del día, el presidente Macri es el principal y único responsable de la vuelta del pero-kirchnerismo al poder. El país ha retrocedido un escalón en la escalera de la normalidad gracias a su falta de visión política y su impericia (por decir lo menos) en materia económica; y esto sin entrar a considerar la frivolidad y tibieza (también por decir lo menos) con que su gobierno manejó temas sensibles en materia de educación y de salud referentes a la vida y a la familia, que no hicieron más que continuar las políticas del anterior gobierno de Cristina Fernández, que seguirá seguramente el ahora futuro gobierno de Alberto Fernández.
Se ha malogrado la oportunidad de llevar a la Argentina al sendero que la convirtió en potencia hace 100 años.

Nos queda ver cómo se acomodan las piezas de la política que viene, que no será necesariamente como la última experiencia kirchnerista: basta apreciar como queda conformado el Congreso de la Nación, para darse cuenta de que el nuevo Fernández deberá negociar más que la antigua.
Nos queda aprender la lección: gobernar no es solo ganar elecciones y cortar cintas.
Nos queda seguir luchando, por nosotros y por nuestros hijos.