Una anécdota personal: mi tío, ya mayor y con sus achaques, sin obligación (por su edad) de votar, sale del cuarto oscuro con su andador y su voto, para ir a depositarlo en la urna; la providencia quiso que su hijo menor, mi primo, fuera el presidente de la mesa. Su nieto grabó el video del momento y lo publicó en Facebook, con palabras de admiración para el ejemplo cívico de su abuelo. Todos sabemos a quién votó y porqué.
Quienes hemos sido fiscales o autoridades de mesa podemos dar fe de que este ejemplo de mi tío se repitió muchas veces, tanto el 25 de octubre como ayer. Fueron muchas las personas mayores o discapacitadas que se sobrepusieron a sus limitaciones porque querían ir a votar un nuevo presidente. Esto explica, en parte, la mayor afluencia de votantes, por encima del promedio histórico en ambas vueltas estas últimas elecciones.
Quienes militamos en la coalición finalmente ganadora de las elecciones nacionales podemos también dar fe de la inmensa cantidad de gente que se ofreció para fiscalizar las elecciones, especialmente tras el escándalo del fraude en las elecciones tucumanas de agosto.
No fue sólo la mala imagen del candidato oficialista, ni la buena imagen de la gobernadora electa, ni la mala gestión del gobernador saliente, las causas de que la provincia de Buenos Aires cambiara de signo político tras 28 años de gobiernos peronistas. No habría sido posible sin el compromiso y la dedicación de miles de fiscales que se volcaron a controlar la transparencia de una elección que, en otras condiciones, habría sido fácilmente manipulable por el aparato de los llamados "barones del conurbano". Como diría la Presidenta, no fue magia.
Compromiso para votar; compromiso para fiscalizar. Esto no es el final de nada. Es apenas el comienzo de una Argentina cuya ciudadanía da señales de empezar a cambiar, más allá de las frases de campaña.
Ahora viene lo más difícil, lo más importante, y lo más apasionante.
Ahora tendrán, quienes recibieron nuestro apoyo, que dar cuenta de la responsabilidad que les encomendamos con nuestro voto. Ahora tendremos, como ciudadanos, la obligación de ayudar y poner el hombro, pero también de exigir y fiscalizar, no ya una elección, sino a nuestros gobernantes.
Ahora vienen horas difíciles para la Argentina y todos, gobernantes y gobernados, debemos estar a la altura del desafío.
Y quienes acompañamos la campaña del vencedor no podemos bajar los brazos ni abandonarnos al fanatismo que, hasta hoy, combatimos. Tenemos que organizarnos con la mira puesta no sólo en apoyar políticamente el cambio que ya llegó, sino en acompañarlo racionalmente, con sentido común y también espíritu crítico, para generar una dirigencia que sirva a la Argentina y la saque de la decadencia a la que nos llevaron décadas de dirigentes mediocres.
El cambio empezó. Queda mucho por delante.
¿Por qué 40 minutos?
Porque, si tuviera más tiempo, escribiría más largo.
lunes, 23 de noviembre de 2015
¡Telón!
Un colega compañero de trabajo, ya fallecido, cuando cerraba su relato de cómo pensaba que se desarrollarían los hechos, recurría a una metáfora teatral: en lugar de elaborar alguna conclusión compleja, simplemente decía "¡telón!".
La sensación que todos tuvimos anoche, pienso, respecto del ciclo de 12 años de kirchnerismo fue la misma: ¡telón! Como al terminar La Traviata: el escenario triste, Violeta muriendo en brazos de Alfredo, nada más hay que decir, baja el telón.
Así termina el kirchnerismo: con un candidato que siempre estuvo extraviado, una Presidenta desaparecida de la escena, como para no tener que asumir la derrota, y una militancia que llora lo que entiende, si es con buena fe, como el fin de un sueño.
Pero también con un país cuya economía está peligrosamente desequilibrada, con una destrucción institucional pocas veces vista, con un nivel de pobreza que no se condice con una década de crecimiento a "tasas chinas", con crisis energética, con una grave división social, con el narcotráfico instalado, y con una larga lista de etcéteras negativos, entre los que no es el menor una poderosa sospecha de que los últimos 12 han sido los años de más corrupción gubernamental; sospecha esta alimentada por la actitud del propio gobierno que, lejos de desmentir las denuncias, sólo ha buscado descalificar, cuando no perseguir, a los denunciantes y controlar el aparato judicial destinado a investigar y juzgar las denuncias.
Desde este blog hemos hecho muchas veces la crítica, a veces catártica, del régimen que nos gobernó estos últimos 12 años. Ya no vale la pena seguir criticando. La mayoría del país se ha dado cuenta de lo que pasó, de lo que pasa y de lo que podría pasar si seguíamos así; y votó un cambio.
Tampoco vale la pena, y sería seguir en el mismo régimen, salir a tomar revancha de quienes, durante 12 años, nos han descalificado, vituperado, humillado, menospreciado y perseguido por tener el atrevimiento de pensar distinto, de criticar, de considerar siquiera que al país podría convenirle otra cosa que no fuera el diktat monocorde del kirchnerismo.
Ya pasó. Como ya se está leyendo en las redes sociales, hay que sanar. Lo otro es ser tan energúmenos como quienes detentaron hasta hoy el poder. Y, además, no hay tiempo para revanchas: hay mucho para reparar en la Argentina.
Es de esperar que estos tres periodos (y medio, porque N. Kirchner asumió como presidente provisional el 25 de mayo de 2003) de gobierno nacional nos hayan hecho escarmentar sobre algunas cosas.
Nos hayan hecho entender que el equilibrio de poderes no es una frivolidad del constitucionalismo liberal, sino una barrera para contener la tiranía.
Nos hayan hecho apreciar que el respeto de la propia libertad tiene el precio de respetar la libertad que el otro tiene, también para equivocarse.
Nos haya hecho aceptar que no hay salvadores mesiánicos, ni soluciones mágicas, ni recetas infalibles, ni causa alguna que justifique demonizar a otro argentino.
Es de esperar que hayamos aprendido la lección, y baje definitivamente el telón de 12 años de equivocaciones.
La sensación que todos tuvimos anoche, pienso, respecto del ciclo de 12 años de kirchnerismo fue la misma: ¡telón! Como al terminar La Traviata: el escenario triste, Violeta muriendo en brazos de Alfredo, nada más hay que decir, baja el telón.
Así termina el kirchnerismo: con un candidato que siempre estuvo extraviado, una Presidenta desaparecida de la escena, como para no tener que asumir la derrota, y una militancia que llora lo que entiende, si es con buena fe, como el fin de un sueño.
Pero también con un país cuya economía está peligrosamente desequilibrada, con una destrucción institucional pocas veces vista, con un nivel de pobreza que no se condice con una década de crecimiento a "tasas chinas", con crisis energética, con una grave división social, con el narcotráfico instalado, y con una larga lista de etcéteras negativos, entre los que no es el menor una poderosa sospecha de que los últimos 12 han sido los años de más corrupción gubernamental; sospecha esta alimentada por la actitud del propio gobierno que, lejos de desmentir las denuncias, sólo ha buscado descalificar, cuando no perseguir, a los denunciantes y controlar el aparato judicial destinado a investigar y juzgar las denuncias.
Desde este blog hemos hecho muchas veces la crítica, a veces catártica, del régimen que nos gobernó estos últimos 12 años. Ya no vale la pena seguir criticando. La mayoría del país se ha dado cuenta de lo que pasó, de lo que pasa y de lo que podría pasar si seguíamos así; y votó un cambio.
Tampoco vale la pena, y sería seguir en el mismo régimen, salir a tomar revancha de quienes, durante 12 años, nos han descalificado, vituperado, humillado, menospreciado y perseguido por tener el atrevimiento de pensar distinto, de criticar, de considerar siquiera que al país podría convenirle otra cosa que no fuera el diktat monocorde del kirchnerismo.
Ya pasó. Como ya se está leyendo en las redes sociales, hay que sanar. Lo otro es ser tan energúmenos como quienes detentaron hasta hoy el poder. Y, además, no hay tiempo para revanchas: hay mucho para reparar en la Argentina.
Es de esperar que estos tres periodos (y medio, porque N. Kirchner asumió como presidente provisional el 25 de mayo de 2003) de gobierno nacional nos hayan hecho escarmentar sobre algunas cosas.
Nos hayan hecho entender que el equilibrio de poderes no es una frivolidad del constitucionalismo liberal, sino una barrera para contener la tiranía.
Nos hayan hecho apreciar que el respeto de la propia libertad tiene el precio de respetar la libertad que el otro tiene, también para equivocarse.
Nos haya hecho aceptar que no hay salvadores mesiánicos, ni soluciones mágicas, ni recetas infalibles, ni causa alguna que justifique demonizar a otro argentino.
Es de esperar que hayamos aprendido la lección, y baje definitivamente el telón de 12 años de equivocaciones.
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