Un colega compañero de trabajo, ya fallecido, cuando cerraba su relato de cómo pensaba que se desarrollarían los hechos, recurría a una metáfora teatral: en lugar de elaborar alguna conclusión compleja, simplemente decía "¡telón!".
La sensación que todos tuvimos anoche, pienso, respecto del ciclo de 12 años de kirchnerismo fue la misma: ¡telón! Como al terminar La Traviata: el escenario triste, Violeta muriendo en brazos de Alfredo, nada más hay que decir, baja el telón.
Así termina el kirchnerismo: con un candidato que siempre estuvo extraviado, una Presidenta desaparecida de la escena, como para no tener que asumir la derrota, y una militancia que llora lo que entiende, si es con buena fe, como el fin de un sueño.
Pero también con un país cuya economía está peligrosamente desequilibrada, con una destrucción institucional pocas veces vista, con un nivel de pobreza que no se condice con una década de crecimiento a "tasas chinas", con crisis energética, con una grave división social, con el narcotráfico instalado, y con una larga lista de etcéteras negativos, entre los que no es el menor una poderosa sospecha de que los últimos 12 han sido los años de más corrupción gubernamental; sospecha esta alimentada por la actitud del propio gobierno que, lejos de desmentir las denuncias, sólo ha buscado descalificar, cuando no perseguir, a los denunciantes y controlar el aparato judicial destinado a investigar y juzgar las denuncias.
Desde este blog hemos hecho muchas veces la crítica, a veces catártica, del régimen que nos gobernó estos últimos 12 años. Ya no vale la pena seguir criticando. La mayoría del país se ha dado cuenta de lo que pasó, de lo que pasa y de lo que podría pasar si seguíamos así; y votó un cambio.
Tampoco vale la pena, y sería seguir en el mismo régimen, salir a tomar revancha de quienes, durante 12 años, nos han descalificado, vituperado, humillado, menospreciado y perseguido por tener el atrevimiento de pensar distinto, de criticar, de considerar siquiera que al país podría convenirle otra cosa que no fuera el diktat monocorde del kirchnerismo.
Ya pasó. Como ya se está leyendo en las redes sociales, hay que sanar. Lo otro es ser tan energúmenos como quienes detentaron hasta hoy el poder. Y, además, no hay tiempo para revanchas: hay mucho para reparar en la Argentina.
Es de esperar que estos tres periodos (y medio, porque N. Kirchner asumió como presidente provisional el 25 de mayo de 2003) de gobierno nacional nos hayan hecho escarmentar sobre algunas cosas.
Nos hayan hecho entender que el equilibrio de poderes no es una frivolidad del constitucionalismo liberal, sino una barrera para contener la tiranía.
Nos hayan hecho apreciar que el respeto de la propia libertad tiene el precio de respetar la libertad que el otro tiene, también para equivocarse.
Nos haya hecho aceptar que no hay salvadores mesiánicos, ni soluciones mágicas, ni recetas infalibles, ni causa alguna que justifique demonizar a otro argentino.
Es de esperar que hayamos aprendido la lección, y baje definitivamente el telón de 12 años de equivocaciones.
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