Reconozcámoslo: no es imposible, pero sí muy difícil que Javier Milei pierda las elecciones presidenciales. Más aún: dentro de un mes quizás estemos discutiendo si gana o no en primera vuelta ¿No es eso lo que tiene tan nerviosos a todos?
Ya he sabido de muchas personas que votaron el 13 de agosto a Patricia Bulrich solo para que Horacio Rodríguez Larreta perdiera la interna, pero que van a votar por Milei el 22 de octubre. También están los que deciden su voto en función de su utilidad para derrotar al kirchnerismo; ¿cuántos votantes de Juntos por el Cambio en las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) estarán considerando por estas horas que, si Milei tiene más posibilidades, convendría votarlo a él en las generales?
En medio de la maratón de especulaciones largada a partir de la victoria de Milei en las primarias, hay una que dice que, no habiendo votado un 30% por ciento del padrón, esos votos (unos diez millones de votos) estarían disponibles y podrían dar vuelta la elección en las generales. Pero esta hipótesis prescinde del hecho de que normalmente en una elección hay un 20% del padrón que no vota (muertos, enfermos, ancianos, viajeros y un largo etc.). Por lo que los votos ausentes de las PASO que realmente podrían ir a votar en las generales no llega a los tres millones y medio ¿Y cuántos de esos son gente que “vota a ganador” (siempre los hay)? ¿Cuántos que, partidarios de Milei, dieron por descontado que entraba a la general y se abstuvieron de votar en las PASO? ¿Cuántos desencantados de la política, que no votaron en las primarias, serán seducidos por Milei en los próximos dos meses?
No hace falta tener una gran imaginación conspirativa para pensar que en el cuarto oscuro se hicieron desaparecer boletas de La Libertad Avanza. En las redes hay centenares de denuncias al respecto, y todos los que alguna vez estuvimos en el control de un comicio sabemos que eso existe y es muy difícil de combatir si no se tiene una estructura de fiscalización suficiente. Estructura que, además, sirve para cuidar los votos en el escrutinio, momento en el que la desesperación remueve las convicciones republicanas del más demócrata de los fiscales, que termina mirando para otro lado si los votos que se pierden son los del contrario ¿Cuántos votos le costó a Milei la falta de fiscales? ¿Cuántos sumará para cuidar mejor las elecciones del 22 de octubre?
Es cierto que todo es posible y que la elección ha sido casi de tercios. Pero nadie puede llamarse a engaño: ese “casi” significa que hubo un candidato que sacó más votos individualmente que los demás, sin hacer interna, que era “punto” y se convirtió en “banca”, al que las primeras encuestas post PASO ya le están dando un 37%, y al que le va a resultar, en el curso de las próximas siete semanas, más fácil sumar votos y retener electorado que a sus contrincantes. Milei sólo depende de sí mismo. Sus adversarios, que en las primeras semanas parecieron haberse quedado atontados y sin discurso, necesitan crecer a expensas de él ¿Cómo podrían hacerlo?
El periodismo tiene su propio papel en el éxito de Milei. Es habitual y lógico que los periodistas (y los medios, en general) tengan sus preferencias políticas: que haya oficialistas y opositores. Estas preferencias siempre se transparentan en el nivel de complacencia / hostilidad con que cada periodista (o cada medio, reitero) trata a tal o cual candidato. Pero pocas veces como en esta campaña para las primarias recuerdo haber visto a periodistas opositores, incluso de los más serios, cuestionarle a Milei con vehemencia lo que pasaban por alto a los candidatos de Juntos por el Cambio (en particular a Rodríguez Larreta). Pero este punto da para un artículo por separado.
Lo cierto es que el favoritismo de los medios opositores por Bullrich, y la consecuente impugnación a Milei, es cada vez más evidente ¿Por qué reaccionan así los medios no oficialistas? ¿Porque no lo vieron venir? ¿Porque la agenda del electorado resultó no ser la misma que la del “círculo rojo”? ¿Porque hay influencers que demostraron ser más influyentes que los formadores de opinión? ¿Porque, al final, los simulacros de votación de Crónica fueron más precisos que las encuestadoras?
Sería bueno que quienes, desde los partidos o los medios, impulsan o se suman a la campaña del miedo (del miedo a Milei) recordaran que ese tipo de estrategias nunca funcionó. Por el contrario, siempre resultaron contraproducentes: desde aquella patética campaña de Angeloz en la que se pretendía equiparar al entonces casi desconocido Menem con lo peor del peronismo, hasta la de Scioli en la segunda vuelta de 2015, en la que todo el argumento era: “ese cambio, no”. Las campañas del miedo son demostración de la falta de mejores argumentos. Y los resultados de Milei, mal que les pese a quienes insisten en hablar de un “voto bronca”, demuestran que el electorado está empezando a buscar, no simplemente un cambio de caras, sino un cambio de argumentos ¿El miedo puede ser un buen argumento?
Porque lo que todos parecen pasar por alto es que, desde que La Libertad Avanza presentó su plataforma, oficialistas y opositores se dedicaron a hablar de por qué esa plataforma era mala o, en el mejor de los casos, inviable. Pero nadie presentó alternativas concretas. Entonces, todos hablaron de la plataforma de Milei, sin hablar de la propia plataforma. Sin proponérselo y con su vacío de propuestas, le hicieron la campaña a Milei.
El problema no son las ideas, ni la cordura, ni los candidatos de Milei. El problema es convencer al electorado de que se tienen mejores ideas, mayor racionalidad o candidatos mejores. La decadencia actual de nuestra dirigencia política hace dudar seriamente de que alguien pueda, a esta altura, dar respuesta cabal a esas necesidades y mejorar la oferta.
En definitiva y si la gente se convence de que debe votar al mal menor, ¿habrá algo menos malo que Milei?

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