Hoy, 24 de abril, se rememora uno de los episodios más lúgubres del siglo XX: el genocidio de más de un millón de armenios perpetrado por el entonces Imperio Otomano, del cual se cumple este año el centenario de su iniciación.Quizás, después del de los judíos a manos del nazismo, es el genocidio más estudiado de los muchos cometidos en la pasada centuria.
Los armenios que fueron masacrados en aquel entonces, lo fueron por su religión. En efecto, tanto cristianos como judíos eran ciudadanos de segunda en el Imperio Otomano justamente por no pertenecer a la religión oficial: la musulmana. Los armenios deportados, vejados, asesinados o abandonados a la muerte, lo fueron por su condición de cristianos. Por eso la Iglesia Apostólica Armenia los ha canonizado.
Las vueltas de la historia: cien años después contemplamos por YouTube la abierta aniquilación de miles de cristianos (católicos, ortodoxos, protestantes) en Medio Oriente y África a manos de distintas organizaciones de la jihad islámica. Persecución que se suma a la que ya venían padeciendo en los países comunistas, la India y otros países de extremo oriente, de diversas formas que van desde la sutil segregación, pasando por la persecución legal, hasta el más bárbaro de los salvajismos.
Alguien se tomará el trabajo de contar cuántas son las víctimas que llevan acumuladas estas persecuciones. Estoy seguro de que serán más que las doce personas muertas en Charlie Hebdo a principios de año.
Lo que resulta curioso es que, mientras esta última masacre mereció, con razón, un repudio internacional unánime y la movilización civil de millones de personas en Francia, las matanzas de cristianos (también de yazidíes y otras minorías religiosas) no encuentran la misma reacción por parte de las principales potencias mundiales. Algunas, supongo, porque carecen de autoridad moral para señalar genocidios ajenos. Pero las otras, supuestamente preocupadas por la libertad, la democracia y los derechos humanos, reaccionan de manera tibia, a través de la condena formal, cuando no guardan un inexplicable silencio.
Quisiera creer que no es porque piensen que las víctimas de esos crímenes "algo habrán hecho", o que esos muertos "bien muertos están".
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