Últimamente se han puesto de moda las investigaciones periodísticas sobre hechos de corrupción y las denuncias judiciales contra funcionarios corruptos parecen descongelarse a medida que se acerca el sol de un cambio de gobierno. El desgaste del actual régimen kirchnerista es tal que la opinión pública parece más sensible a la conducta (o inconducta) ética de sus gobernantes.
No está mal.
Pero cabe reflexionar acerca de si los argentinos seremos capaces de escarmentar respecto de la elección de nuestros gobernantes. Escarmentar como escarmentamos alguna vez del recurso sistemático al golpe de Estado como herramienta habitual del poder y la política. Desde 1983 hemos hecho muchas cosas mal, pero esa no. La prueba está en que la crisis de finales de 2001 se resolvió por cauces institucionales; un poco a los golpes, es cierto, pero por cauces institucionales al fin.
¿Escarmentaremos, con un escarmiento que truene, sobre seguir eligiendo dirigentes mesiánicos que solo buscan enriquecerse a expensas del pueblo? ¿Seremos capaces de quebrar esa inercia que nos lleva a sostener al malo conocido en pos de la "gobernabilidad"? ¿Podremos gritar "nunca más" un gobierno de chantas, nunca más un gobierno de gente que nos mienta cínicamente, nunca más un gobierno que alardee sin pudor de su propia corrupción, nunca más un gobierno que persiga a sus críticos, nunca más un gobierno que manipule y desobedezca a la ley?
Será mejor que reflexionemos, falta poco para demostrarlo. Apenas diez meses.
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