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jueves, 14 de mayo de 2015

Gastar y gastar

Es muy común ver que los gobernantes ponderen como un logro el hecho de que, por ejemplo, han aumentado el presupuesto en educación. Esto es, han destinado más dinero en términos nominales o han dispuesto de un mayor porcentaje del presupuesto para ese destino.
También es común, por el contrario, impugnar a un gobierno desde la oposición porque ha reducido, siguiendo con el ejemplo, el presupuesto en educación. Sea porque dedica menos dinero en términos nominales (lo cual, en estos tiempos de inflación, no se da), sea porque dispone de un menor porcentaje del presupuesto dedicado a tal fin.

Lo que ambas afirmaciones ocultan es la pregunta principal: ¿se trata de gastar más o de gastar bien?

Porque el destinar más dinero en términos nominales a determinado ítem del presupuesto puede deberse, no a la virtuosa previsión de una mayor cantidad de recursos, sino al efecto nocivo de la inflación. En efecto, puede ser que este año dedique $120 en lugar de los $100 del año pasado; pero debido a que, lo mismo que el año pasado me costaba $100, ahora me cuesta $120. En los hechos, la meta no mejoró de un año al otro, sino que se ha vuelto más cara. Hasta puede suceder que destine más recursos ($110, en lugar de $100) y aún así no pueda cumplir la meta que sí alcancé el año anterior (porque se encareció hasta $120).
También puede ocurrir que el mayor porcentaje dedicado al mismo ítem sea engañoso. Por un lado, porque puede deberse a que, para disimular la pérdida de recursos mediante la inflación, se le quite a otros ítems un porcentaje que me permita, con más plata, hacer frente a los mismas metas que el año anterior, pero encarecidas. Por otro lado, porque puede mejorarse efectivamente la meta y no alcanzarse a pesar del mayor porcentaje: tengo, proporcionalmente, más dinero que el año pasado, pero, en lugar de destinarlo a lo que debía, lo gasto en otra cosa. También porque la "mejora" de la meta puede ser ineficiente en los hechos: dedico más dinero porque, por ejemplo, tengo que incorporar más "ñoquis" a la planta permanente.

De manera inversa, la previsión de menos dinero en términos nominales puede deberse a reformas estructurales que permitan hacer lo mismo que el año anterior, pero más eficientemente ("eficiencia", ¡esa horrible palabra!). Incluso puede ocurrir que el mismo dinero rinda aún más y que se puedan mejorar las metas sin subir el presupuesto.
Igualmente, un menor porcentaje no significa, necesariamente, una disminución del presupuesto para determinado ítem. Bien porque se amplió el presupuesto general (más ítems, más dinero y una "torta" más dividida), bien por el reflejo de la misma eficiencia aludida antes en los porcentajes de presupuesto: se hace lo mismo, y aún más, con un menor porcentaje.

De vuelta la pregunta: ¿se trata de gastar más o de gastar mejor?
Solo un gasto eficientemente aplicado, que redunde en mejores servicios del Estado, puede considerarse una verdadera "inversión" (como le gusta a la Presidenta que se llame al gasto, como si el cambio de palabras supusiera el mágico cambio de la forma de usar el dinero).
Un gasto ineficiente siempre será dilapidar los recursos del Estado, que son de toda la sociedad, por mucho que se aumenten las cifras y los porcentajes.
Exijamos de nuestros políticos menos pirotecnia verbal y más realidades palpables.

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