En las últimas elecciones en los Estados Unidos se han producido una serie de fenómenos interesantes.El primero es una notable polarización y toma de posición de los medios y la intelligenza progresista, que mostraron, casi al unísono, al candidato finalmente ganador como una suerte de monstruo, una bestia que acabará con todo aquello en lo que creemos y esperamos en occidente. No exagero: pocas veces se ha visto en los Estados Unidos una campaña en términos tan lapidarios para con un candidato, a quien se ha impugnado, vituperado y atacado en toda forma hasta el paroxismo; artistas, intelectuales, periodistas, políticos y hasta el mismo presidente norteamericano se refirieron a Donald Trump en términos directamente injuriosos e insultantes. Al punto que tanta histeria sugería, seguramente sin proponérselo, que las posibilidades de victoria del candidato eran (resultó ser así) más altas de lo que se pretendía.
Para todos los observadores, norteamericanos o extranjeros, la elección no era entre dos candidatos cualquiera, sino entre la bella y la bestia del cuento.
El segundo de los fenómenos es que, justamente, el triunfador lo es a pesar de semejante campaña.
Sí, es cierto: la candidata demócrata habría obtenido unos 200 mil votos más. Pero, si se tiene en cuenta que el padrón de votantes fue de unos 120 millones de votantes, la diferencia resulta menor al 0,2%; a lo que debe agregarse que el padrón, por ser voluntario el voto, no representa a la totalidad de los votantes en condiciones de votar. Esto es, la diferencia a favor de Clinton está lejos de poder deslegitimar la victoria del candidato republicano. Estas situaciones dan pie al debate en Estados Unidos acerca del sistema indirecto de elección presidencia; pero en 2000, Gore sacó 500 mil votos más que Bush, una diferencia mayor que la de este año, aún así perdió, y el sistema no se modificó.
Volviendo al tema, Trump ganó sorpresivamente, no sólo contra todo pronóstico, sino contra toda expresión de deseo.
Nuestro país no fue ajeno a estas especulaciones; el mismísimo gobierno nacional, con dudoso criterio estratégico, apostó públicamente al triunfo de la candidata demócrata. Fueron pocos y no tuvieron mucha trascendencia en nuestro medio, quienes apuntaron el alto grado de impopularidad de Clinton (similar al de Trump) y la desesperación en la que la campaña demócrata terminó embarrándose, más allá de los escándalos y operaciones sucias que abundaron en ambos bandos (al parecer, más que de costumbre).
El tercero de los fenómenos es el de la incertidumbre respecto del futuro de la nación todavía más poderosa del planeta y las consecuencias que esta elección presidencial tendrá para el resto del mundo; incertidumbre que quizás se vaya despejando en el curso de los próximos dos o tres meses, pero que también resulta históricamente infrecuente. Parafraseando a Tato Bores: "íbamos a ganar nosotros los demócratas,... y terminamos ganando nosotros los republicanos". La economía y la política globales han quedado medio en off side por haber calculado la victoria de la "bella" y encontrarse finalmente frente a la "bestia". Nadie, salvo la izquierda más radicalizada, parece saber cómo reaccionar exactamente frente al fenómeno y cómo proceder en adelante.
No seamos ingenuos. Ninguno de los dos candidatos daba el perfil de estadista que los Estados Unidos exige y añora. La administración Obama deja muchas cuentas pendientes aún para los propios demócratas, y su candidata no prometía sino ser más de lo mismo. El candidato republicano, por su lado, no tuvo empacho en usar y abusar de su imagen de energúmeno mediático, lo que no sólo asustó a los extraños, sino también a los propios. Como bien resumió Nik en su viñeta de los domingos en el diario La Nación: ella no decía lo que pensaba y el no pensaba lo que decía.
El electorado norteamericano prefirió el cambio, aunque se lo pintaran tan extravagante como Trump.
Lo demás es especulación ideológica, bastante frívola hasta donde se puede apreciar.
La bella no resultó ser tan bella. El tiempo dirá si la bestia es tan bestia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario